Carta a Lucía
Hace tiempo (el pasado invierno) escribí un pequeño relato para un concurso de literatura compacta. Todo lo escrito en el relato es pura ficción. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. (esto es lo que dicen en las pelis, no? :P)
————————–
Hola Lucía,
Te escribo esta carta para contarte algo que llevo meditando desde hace mucho tiempo. Sabes que últimamente las cosas no me han ido muy bien. Hace tiempo que no soporto la situación en mi casa, apenas tengo relación con mi familia. Aunque ese no es sólo el problema, como bien sabes. En el trabajo tampoco estoy a gusto, no por mi jefe que me ordena cosas imposibles o ajenas a mi trabajo, sino porque no creo que fuera aquello para lo que realmente nací. Además, por las noches y ratos de ocio, que es cuando tengo mi mayor liberación, tampoco puedo pasarlo bien debido a los problemas que hay dentro del grupo. Ya ves, ya sea por problemas ajenos o no a mí, estoy rodeado de una marabunta de desgracias que me arrastran y me hacen pensar si este es mi sitio.
Cuando somos niños todos nos imaginamos cómo seremos de mayores. Nos imaginamos una vida feliz, un entorno maravilloso, sin problemas. Paz, eterna paz. A medida que vamos creciendo, sólo nos preocupamos por las obligaciones y problemas que se van adhiriendo a nosotros, cual esponja absorbe el agua. Poco a poco veríamos como llegaría el momento en el que no cabría una gota más, en el que la esponja tuviera tal cantidad de agua que no podría absorber más. Seguiríamos derramando agua sobre ella, pero sería inútil. Habría llegado el momento que nadie querría. La esponja, hinchada e inundada, empezaría a derramar líquido como la persona que saturada de problemas se deshace en lágrimas. Así es como me siento, así es como me he hundido.
Creo que debes pensar que me hago dueño de mis problemas y huérfano de mis sueños. Quizá pienses que debo evadirme de mis pesadillas y despertar para así poder manejar mi vida. Quizá y sin quizá, aunque probablemente no elegiríamos el mismo camino para conseguirlo. Mis pesadillas no seguirán haciendo eco más allá de las cuatro paredes de esta habitación. Saldré de ella y cerraré la puerta para que no puedan perseguirme allá donde vaya. Mi despertar está lejos de aquí, aunque todavía no he decidido dónde. Cuando termine esta carta caminaré y marcharé de aquí, de la misma forma que huye el cobarde o corre el atleta para llegar a la meta. No se cuál de las dos es mi condición, si la de perseguido o la de perseguidor. Sólo sé que nada puede parar mi viaje. La decisión está tomada. Quién sabe si un día volveré. Quién sabe si llegaré a algún lado tal y como lo imaginaba de niño.
Atrás dejo muchas vivencias, muchos recuerdos. ¿Te acuerdas cuando nos conocimos? Aquel día me pregunté que cómo era posible que hubiera estado tanto tiempo sin conocerte. Apareciste como un arco iris tras la tormenta. Fuiste suave y precisa cual brisa de verano llega a mi rostro en un desespero por sofocar mi calor. Fuiste tan importante para mí que no había día en el que no pensara en ti, incluso cuando pasaba las tardes contigo. Eran mis únicos momentos en los que podía vivir, en los que podía notar al máximo cada latir, cada anhelo, cada resplandor de las puestas de sol cuando por aquellas praderas, cerca de tu casa, pasábamos los últimos momentos del día juntos. Tú siempre bromeabas con que estabas loca por mí, yo ansiaba que fuera cierto. Este era aquel secreto inconfesable que intentabas saber. Era incapaz de decírtelo. Me gustaba aquella conexión que habíamos creado, aquel mundo que habíamos inventado. Allí no había pesadillas, no por el hecho de que no quisiéramos tenerlas, sino porque no podíamos concebir en nuestro mundo que pudiera existir algo así. Tú eras el sueño que yo tenía de pequeño, así era como yo imaginaba ser de mayor. Éramos dueños de una fortaleza inexpugnable, un mundo ávido de más tiempo, porque para nosotros los segundos pasaban de dos en dos.
Nunca podremos volver a repetir todas esas sensaciones, todos esos sueños. Nunca podré saber a qué saben tus labios. Tampoco podré acariciar tu pelo, ni siquiera tu blanca y tersa piel, que alguna vez toqué en tus dedos, para comprobar el calor o frío de tus manos. No podré hacerte esas cosquillas, aunque siempre me suplicaras que parara. Será difícil, el día de mañana, mirar atrás y ver todo aquello que quedó en un sueño, aquello que deseé hacer. Aunque prefiero sacarle la parte positiva de la misma manera que tú lo sacabas a todo. Prefiero pensar que más duro hubiera sido vivir toda la vida sin saber que se puede desear con tanto empeño esas cosas tan pequeñas. Prefiero haber conocido a la persona más importante que seguro conoceré en toda mi vida. Allá donde vaya podré ir bien orgulloso, con la cabeza bien alta y podré gritar en voz alta que yo conocí a Lucía, a la persona que, sin grandes deseos, hacía grande todo aquello que tenía a su alrededor. Me gustaría ser maestro y contar a los niños tu vida, tu historia. Les contaría que yo conocí a una persona en este mundo que puede pintar un cuadro de colores sólo con pintura negra y blanca. Les contaría que conozco a la persona que sabe hacer sumas y multiplicaciones con ceros y obtener un número mayor que el infinito. Les diré que el tiempo se mide antes y después de Cristo, pero que no tenía sentido medirlo hasta el día que naciste tú.
No quiero alargar más este momento, que seguramente no es el que esperábamos ninguno de los dos. Quiero que sigas con tus sueños, tu alegría y con esa fuerza que me supiste trasmitir y que hoy voy a usar para emprender una nueva vida. Quiero que absorbas lo menos posible, porque sabes que al final la esponja acaba llorando. Me gustaría que me recordaras todos los días tal y como yo lo haré. A cada puesta de sol dedicaré un momento para sonreír y respirar la paz como si estuviéramos juntos. No sé si nos volveremos a ver, hoy no entra en mi diario de abordo, pero sólo tienes que desearlo mucho para que llegue una brisa a mí y sepa que me estás esperando.
Lucía, no me olvides porque yo nunca lo haré. Cuídate mucho. Que sepas que siempre te he querido y siempre te querré.
Hasta siempre,
Juan
Comments
Leave a Reply
