Poesía en la sala de espera
Hace tiempo, cuando tenía acné (hace unos cuantos años ya), escribía algunos poemas. Animado por el interés que me despertó Ana, una chica que conocí en Beas de Segura (Jaén), por la poesía, empecé a escribir poemas a mansalva. Aquello fue a finales y principios del 1998 y 1999, respectivamente.
Un día, estando en la sala de espera de mi dermatólogo, me aburría, no sabía qué hacer, y no quería coger una de aquellas revistas que me interesaban más bien poco. Así que saqué un papel y un bolígrafo de mi mochila y empecé a escribir unos poemas. Sé que no es el mejor sitio para ello, la verdad, pero por aquel entonces me inspiraba mucho más fácilmente. De hecho, he llegado a escribir algún relato corto en alguna clase. El caso es que escribí como mínimo dos, cuatro a lo sumo. De hecho, esos dos que recuerdo son los que más me gustan. La verdad, aquello de los poemas duró casi el tiempo que dura una estrella fugaz en el cielo. Nunca ha sido mi pasión ni me ha cautivado. Me atrae mucho más escribir relatos cortos o canciones, que muchas de ellas parecen ya poemas.
Últimamente veo bastantes poemas por Planet Castelló, así que me he decidido a poneros este, que creo que es el único que me sé de memoria, y uno de los que más me gustan (ya os digo que no son nada del otro mundo). Nunca les ponía títulos ni nada, así que llamarlo como queráis.
Mil palabras salen de tu boca,
día por día,
hora por hora.
Mil sonrisas salen de tu boca,
día por día,
hora por hora.
Mil besos salen de tu boca,
dime qué día,
dime a qué hora.
Al final, resultó que tenía el acné más rebelde (según mi dermatólogo), acné vulgaris. Me mandó unas pastillas que hacía en un laboratorio. Se me fue el acné y también se me fueron las ganas de seguir escribiendo en las salas de espera, jeje. Bueno, quién sabe, igual el día de mañana escribo una canción en la sala de espera de mi médico de cabecera, la última vez esperé hora y media. Pero bueno, eso ya os lo contaré otro día…
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